Rosa Cobo Bedia. Profesora de Sociología de la Universidad de A Coruña y escritora feminista.

“La izquierda sufre una especie de síndrome de Estocolmo con las mujeres en prostitución”

Rosa Cobo

La socióloga profesora de la Universidad de A Coruña Rosa Cobo participó el

pasado mes de febrero en las Jornadas Abolicionistas organizadas por el sindicato

estudiantil Ikasle Ekintza en el campus de la UPV-EHU de Leioa en colaboración con

Euskal Herriko Mugimendu Abolizionista (EHMA). Esta teórica y activista aporta, en

esta entrevista, importantes claves para conocer qué es el abolicionismo y por qué

ciertos sectores del feminismo y la izquierda se han apartado de esta línea de

pensamiento.

-¿Cuál es la trayectoria histórica del abolicionismo dentro del feminismo?

-Creo que se puede decir con toda justicia que el abolicionismo, cuando no se

llamaba abolicionismo, estaba dentro del feminismo en el propio origen del

feminismo. En el siglo XVIII, Mary Wollstonecraft, por ejemplo, hablaba de la

prostitución como de una esclavitud humillante. En los cuadernos de quejas, se

señalaba la inaceptabilidad de la prostitución, se negaba que fuese un trabajo con

un lenguaje de la época. En el siglo XIX, el movimiento sufragista fue un movimiento

claramente abolicionista. En esa misma época, surgió una tradición de reformadoras

sociales, cuya representante más importante fue Josephine Butler. Se podría decir

que, en purismo, fundó el movimiento abolicionista. Después de la segunda ola

feminista, Simone de Beauvoir explica que en la mujer que está en prostitución se

condensan y se resumen todas las esclavitudes de las que somos objeto las

mujeres. El feminismo radical, tanto el de la década de los 70 como el de la década

de los 80, es un feminismo radicalmente abolicionista. De hecho, la propia Kate

Millet tiene un libro publicado sobre prostitución, lo que pasa es que no lo han

traducido al castellano, pero todas ellas: Shulamith Firestone, Kate Millet, Susan

Brownmiller, Andrea Dworkin, Catharine Mackinnon, Sheila Jeffreys, Kathleen Barry,

Carole Pateman -la autora de ‘El contrato sexual’-, todas ellas son abolicionistas. En

la historia del feminismo, siempre se ha sostenido la idea de que la prostitución era

una institución fundacional del patriarcado.

Libertad sexual

¿De qué manera le plantearías a una mujer ajena al abolicionismo que la

prostitución no tiene que ver con la libertad sexual de la mujer, sino que es

explotación sexual?

-Sería libertad sexual cuando tú follas porque te gusta, sería libertad sexual cuando

lo que se está poniendo en juego es tu propio deseo, pero es explotación sexual

cuando el deseo no es tuyo, sino del otro, porque lo que hay en tu caso es una

abdicación de tu propio deseo y, por lo tanto, no hablamos de libertad sexual, sino

de explotación sexual.

-En la actualidad, el movimiento feminista tiene muy en cuenta la

interseccionalidad en las opresiones de las mujeres. Por ejemplo, en las

jornadas de Durango, el feminismo decolonial fue una de las mesas

principales. ¿Qué papel tiene la interseccionalidad en la prostitución?

-La interseccionalidad forma parte de la vida de cualquier movimiento social, como

es el movimiento feminista. El problema quizá está en qué lectura le damos a la

interseccionalidad. Si la interseccionalidad la definimos como un cruce de dominios,

como un cruce de opresiones en la biografía de una mujer, entonces es imposible no

asumir el concepto de interseccionalidad. Si el concepto de interseccionalidad se

pone al servicio de priorizar el dominio cultural, el dominio racial, el dominio del tipo

que sea sobre el dominio patriarcal, yo entonces estaría en desacuerdo.

Políticas para la abolición

-¿Cuales son las medidas necesarias para llevar a cabo una abolición real de la

prostitución en el Estado español?

-Creo que hay que hacer cuatro tipos de políticas: la primera, cerrar los clubs, los

burdeles y los pisos, perseguir el proxenetismo. La segunda, multar a los puteros. No

se puede enviar a la sociedad el mensaje de que está bien el acceso al cuerpo de

mujeres que son vulnerables. En tercer lugar, hay que hacer políticas públicas de

igualdad con bastantes recursos y muy bien diseñadas para las mujeres que están

en prostitución. Estas mujeres merecen un permiso de residencia inmediato, una

solución habitacional, que sus hijos tengan unos cuidados adecuados, cualificación

profesional, formación cultural y, sobre todas las cosas, merecen muchísimo apoyo

psicológico, porque todas ellas están devastadas. La entrada de las supervivientes

en el abolicionismo ha visibilizado y ha colocado en su sitio una idea que es

fundamental y es que, si nosotras somos abolicionistas, es porque queremos que

acaben esos campos de concentración y acabe esa tortura que padecen las mujeres

en prostitución. La cuarta política es que es imprescindible poner la coeducación al

servicio de la desactivación de la desigualdad, es decir, hay que hacer un sistema

educativo en el que haya muchos talleres para que los niños y las niñas sean

socializados en la igualdad, para que a ningún niño se le ocurra la posibilidad de

acudir a una mujer que está en prostitución y para que ninguna niña sienta la

tentación ante un momento de vulnerabilidad de tener que acudir ahí.

Abolicionismo en las universidades

-¿Por qué es necesario que el abolicionismo entre en las universidades? ¿Qué

papel tiene que desempeñar dentro de ellas?

-Por fin, y después de mucho tiempo y de muchísimas dificultades, el abolicionismo

ha entrado en la universidad, en mi opinión, por la puerta grande, porque las

grandes investigaciones que se están haciendo sobre prostitución, esas que nos

devuelven el espejo de qué es realmente lo que ocurre en un prostíbulo, quiénes son

las mujeres que están en prostitución, quiénes son los puteros, cómo funciona la

industria de la explotación sexual, ha venido de la mano de las investigaciones

crítico-abolicionistas que hemos hecho las feministas en la Universidad. De modo

que si queremos conocer lo que es la prostitución, no existe más alternativa que las

investigaciones que se han hecho desde la perspectiva abolicionista.

-Recientemente presentasteis la Red Académica Internacional de Estudios

sobre Prostitución y Pornografía. ¿Quienes la conformáis, cuales son sus

objetivos y por qué surge la necesidad de unión?

-La Red Académica Internacional de Estudios sobre Prostitución y Pornografía la

hicimos un grupo de profesoras universitarias que hemos tenido que sufrir cómo

hacer una investigación crítica sobre la prostitución significaba que no te diesen un

proyecto, significaba que eran unos estudios que estaban en los márgenes del

sistema universitario. También pensamos que era muy importante que la sociedad

conociese todas las investigaciones cuantitativas y cualitativas que hacemos, y que

la sociedad conozca la cara verdadera de lo que es la prostitución, pero también

sabíamos que para fortalecer esta línea de investigación teníamos que utilizar redes

de intercambio universitario de las investigaciones. Está compuesta por unas treinta

universidades españolas y extranjeras, una de Toronto y otra de México, y en total

unas 70 profesoras y algún profesor.

La pornografía

–El último estudio sobre pornografía indica que el consumo empieza a ser a

los 8 años. ¿Qué consecuencias tiene esta realidad para las mujeres?

-La pornografía se está convirtiendo realmente en un problema para hombres y para

mujeres, y particularmente para los y las adolescentes, porque la pornografía se ha

convertido en la verdadera instancia de educación sexual. Los críos y las crías ya no

preguntan a sus madres y a sus padres sobre nada relacionado con sexo, a pesar

de que pudiesen tener confianza, porque encuentran en la pornografía todas las

respuestas, y el caso es que son unas respuestas equivocadas. Muchos críos, su

primera experiencia sexual la tienen con la pornografía y es una experiencia

inolvidable, entre otras razones, porque nunca han tenido otra anterior. Eso queda

en la memoria del cuerpo y se van formando en esas prácticas sexuales que son

agresivas, en esas prácticas sexuales en las cuales las mujeres y las niñas son

solamente objetos, cosas, mercancías. Por supuesto, cuando alguien consume

muchas horas viendo pornografía, no puede desligarlo después del tipo de relación

que mantiene con las chicas y ese es el problema.

-Este mes pasado, en Barakaldo se desmantelaron dos pisos de prostitución

donde las mujeres vivían hacinadas, mientras hay un prostíbulo en pleno

centro al lado de dos colegios infantiles. Ante situaciones como éstas, ¿cómo

podemos actuar individual o colectivamente?

-Yo creo que el movimiento abolicionista, que cada vez es más grande, tiene que

articularse políticamente y ejercer mucha presión sobre el Gobierno, sobre las

instituciones autonómicas y sobre las instituciones municipales. Los prostíbulos

-tiene muchísima razón Amelia Tiganus- son campos de concentración. Tienen que

cerrarse. No es posible que vayamos por la carretera, por los pueblos, y los críos y

las crías entiendan que es una cosa aceptable que los hombres puedan acceder

sexualmente al cuerpo de mujeres vulnerables. Eso como sociedad y como

civilización nos avergüenza.

Izquierda y feminismo regulacionistas

-¿Por qué un sector del movimiento feminista y parte de la izquierda no se

declara abolicionista?

-Yo creo que hay un sector de la izquierda que presume de ser anticapitalista o que

presume de ser una izquierda muy radical y que, sin embargo, creo que sufre una

especie de síndrome de Estocolmo con las mujeres que están en prostitución, con

las mujeres trans, con las mujeres gitanas, con las mujeres migrantes, porque han

perdido el sujeto político de emancipación. Lo perdieron hace ya décadas y lo

quieren buscar en la parte, digamos, de abajo de la pirámide social, entre aquellos

colectivos que se estima que están o más explotados o que gozan de mayor falta de

respeto social o qué son, digamos, lo que se considera un poco el vertedero del

sistema. Creo que hacen un análisis que a mí me resulta muy incomprensible, que

es identificarse con ellos, pero no criticar las instituciones que hacen posible que

estos colectivos existan. Con respecto al feminismo, hay un sector que empezó en el

regulacionismo de la prostitución un poco de la mano de teóricas como Gayle Rubin

o Judith Butler, que no son teóricas explícitamente feministas, sino teóricas de

legitimación de las disidencias sexuales. Entonces, yo creo que ese es el hueco que

ha encontrado un sector ampliamente minoritario. Confunde y estima que la labor del

feminismo es una cuestión de libertad sexual, cuando el proyecto emancipatorio del

feminismo tiene que ver con la explotación sexual, con la explotación económica,

con la falta de respeto social, con el trabajo gratuito y con la feminización de la

pobreza que sufren las mujeres en casi todo el mundo.